16 de agosto de 2009

Una construcción anular


Ella escucha trip-hop en el corazón de mi parque. Este parque cerrado o encerrado en medio de una construcción que es un anillo, como un pequeño y privado coliseo, como una plaza de toros. El parque, de una belleza antigua y prototípica, ostenta el césped más perfecto jamás visto. Uno, andando por allí, descalzo y sin preocupaciones, se siente más gusto que un amante sobre su amante.
La construcción, que es un círculo, si se la observa desde el cielo (así imagino que la verán los dioses, o el dios, o dios) lo envuelve a uno, que está en medio del jardín encerrado.
Y este edificio totalmente blanco, níveo, cuenta con un extenso número de ventanas a las que rara vez alguien se asoma. Y hay también escaleras que suben y bajan aunque nadie jamás ha tenido, acá, que bajar o subir.
Y por último confesaré, que acá, en medio del parque, ella malgastó su vida y los sueños. Los muros antes blancos, ahora tan rojizos y tan, nada...
Abandonó todo, y entre el césped, las flores, la música sabia, su cuerpo se extiende inerte, y aún sus dedos débilmente tibios, sujetan nerviosamente un manojo de discos, y el frío acero de un arma sin alma.


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