18 de diciembre de 2010

Handle with care

Último de los nacidos
bajo la tiranía,
el Erizo no se atreve a dar un paso adelante
ni uno atrás.

“Hay mañanas saladas como el mar” dice tu madre.
“Conócete a ti mismo” dice el encuentro
al pie del cerro,
pero ya nadie cree que valga nada
la calle techada.

Y tus hijos perdidos te avergüenzan tanto
unidos a los borrachos,
caminando a tientas
con un pie en la noche
otro en el alba.

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Afuera el viento es fuerte;
adentro espero que la pasta se ponga “al dente”
en el organismo.
A lo lejos alguien camina
por una calle que desde acá
no veo.
Empieza con los primeros bostezos,
empezó hace un par de horas,
es el primer engranaje que gira
mientras la tierra llega,
se levanta desde la calle con el paso
de los coches.

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Ahora el comunicado dice:
“El cazador levantó la tregua y prepara un nuevo y mejorado ataque”
y es imposible expresarse
frente a él como quisieras
sin sentirte ridículo o vano.

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¿Qué hace que una novela funcione?
No funciona y no funciona.
Este aparato tiene los fusibles quemados.
Llamen al técnico
que es también filósofo,
y está pensándola sin parar
pero quedan demasiadas dudas.

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La primera parte promete,
pero al final decepciona.
Probó con el coloquialismo,
se puso simbolista un par de meses
pero lo dejó tan fácil como se pensaba.

Me dijo una tarde en su casa subterránea:
“el poema es un dispositivo frágil,
la mínima torpeza lo desbarata.
No te distraigas...”
y me extendió la mano
en la que había un sticker que decía
HANDLE WITH CARE.

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Empieza a hacer frío para quedarse afuera
pero están cerradas las puertas
y adentro hay
una familia entera.